
Por P. Eslava.
Los peruanos hemos visto durante la última década que Juan Luis Cipriani, en representación del arzobispado de Lima, desea sin escrúpulos interferir en la administración de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Este es el motivo por el cual deseo manifestar lo siguiente:
La PUCP fue fundada en el año de 1917 como una universidad privada. Posteriormente en 1933 y 1938 su mayor benefactor, José de la Riva Agüero, le legó a través de su testamento una gran cantidad de bienes materiales, estipulando que estos pasarían a ser de propiedad de la Universidad cuando hayan pasado veinte años desde su muerte. Riva Aguero falleció y sus bienes debieron pasar en propiedad absoluta a la universidad en el año de 1964, sin embargo, actualmente el miembro del opus dei y cardenal de la iglesia católica, Juan Luis Cipriani, está buscando administrar los bienes dejados en herencia por Riva Agüero, así como una cuota de poder para elegir a las autoridades y personal del claustro universitario.
Para conseguir dichos objetivos, Cipriani, alega dos argumentos: que el testamento de Riva Agüero le habría otorgado la potestad al arzobispado de Lima para que intervenga en la administración de los bienes porque la PUCP conservaba los principios católicos, siendo este el motivo por el cual Riva Aguero decidió hacer el legado en su favor. Por otro lado, que la PUCP, por ser "pontificia", debería estar regida por el EX CORDE ECLESIAE, o sea normas emanadas por el Vaticano que en resumidas cuentas harían de esta Universidad un templo de culto obligatorio a los dogmas católicos, apostólicos y romanos.
Para concretizar estas intenciones, Cipriani, ha entablado demandas civiles para que todos los bienes de la PUCP pasen a ser propiedad de la iglesia católica, alegando que se debe interpretar nuevamente el testamento de Riva Aguero en su favor. Estas pretensiones aún están en proceso, pero con unas expectativas enormes de que, a través de la gran influencia que tiene Cipriani en el país, le den la razón. En cuanto a la intensión de que la universidad se rija por el ex corde eclesiae, el 19 de agosto del presente año, el Vaticano dispuso que el rector debe ser nombrado por el arzobispo de Lima, cuestión que las autoridades de la PUCP, por su autonomía, se han negado a cumplir; sin embargo, el Vaticano dice que si la PUCP no acepta regirse por el ex corde eclesial, entonces debe dejar de ser nombrada como Católica y Pontificia, cuestión que traería un grave problema que terminaría por beneficiar las pretensiones económicas de la iglesia, pues el artículo 17 de la Carta Orgánica de la Universidad Católica prescribe que “en caso de disolverse la institución, sus bienes pasarán al Arzobispado de Lima, que los destinará a la enseñanza”. Interpretando esta cláusula: si la PUCP cambia de nombre supuestamente tendría que extinguirse como organización educativa y, en todo caso, fundarse una nueva con autonomía plena. Este hecho inevitablmente traería como consecuencia que todos los bienes de la PUCP terminen en manos del Arzobispado de Lima.
Se cree firmemente que esta intensión del vaticano y del opus dei es una burla a la educación en el país. Es inconcebible que por un afán de poder se quiera convertir a la PUCP en un claustro del oscurantismo y de negación de las libertades mínimas de los estudiantes libre pensadores (recordando que fueron muchos siglos de oscurantismo, fundamentalmente en la edad media, los que impidieron la libertad de pensamiento y de libre expresión de ideas, que mantuvieron a la sociedad dominada durante gran parte de la historia gobernada por la iglesia, convencidos ahora de que ello ha quedado proscrito luego de las gloriosas revoluciones que derrocaron al poder absolutista en Europa y América.)
Se rechaza esta actitud con la firme creencia de que la intensión del Vaticano es verdaderamente incongruente con los principios rectores de una Universidad, como son el respeto de la libertad de pensamiento, de culto, la universalidad del conocimiento y el carácter científico que se busca mantener y promover para lograr el desarrollo de su sociedad.
Como mencionó Julio Ramón Ribeyro: "En el Perú, los grandes juicios se ganan en Palacio de Gobierno y no en los Tribunales." Por ello, no podemos esperar a que los Jueces y el Tribunal Constitucional peruano, que resolverían estos procesos, favorezcan como es de costumbre a quien tenga mayor influencia política y económica, en este caso al Opus Dei. No permitamos que se convierta la PUCP en una nueva mina de oro para la avaricia de Cipriani y su empresa católica.Solamente la educación en libertad ha logrado que actualmente se desglosen nuestros párpados contra la explotación y el orden político que rige el mundo desastrosamente. Es por ello que es un deber como una sociedad, que lucha por su libertad, estar en favor de la autonomía plena de la Universidad Católica del Perú, y en contra de la injerencia de Cipriani, el Arzobispado de Lima, el Vaticano y el Opus Dei.
P. Eslava
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