sábado, 9 de junio de 2012

LOS AMIGOS QUE AÚN NO HE PERDIDO.


Hoy, como cada día, echo de menos algo de mí. De mí personalidad anterior. De aquel que no estudiaba derecho, sino que no estudiaba nada con seriedad y entre sus muchas ideas superpuestas todo era ilógico, imprudente de decir y hasta digno de compartir. Hoy echo de menos eso. Echo de menos decir harta cosa imprudente en reuniones. Echar a reír entre los cánticos y oraciones de mis tías. Vilipendiar a mis amigos con frases adornadas, pero dignas de provocar un perdón. Soltar malcriadeces con afán de permitirme un momento de rebeldía y de vigor; beber, cantar. Hoy, ya hoy poco de eso queda; a decir verdad, sólo entre sombras reluce aquel Antonio, al cual ni siquiera yo quisiera tener de amigo, pero inevitablemente cada día se posiciona en lo que me resta de existencia.

Al preguntarme por la razón de este cambio, solo viene a mi mente lo poco amigo que he sido con aquellas muchas personas -que sin quererlo- o pocos que lo quisieron, me ofrecieron su amistad. Y aunque haya sido accidentalmente o no, hubo un tiempo donde quizá pude haber sido un buen amigo: desprendido, leal, cómplice, risueño, comprometido. Sin embargo, hoy –bajo la consideración de un psicólogo, que dice ser mi amigo por 40 soles la cita– lo único que no he perdido es la discreción. O sea, hoy sólo puedo considerarme un ser discreto. Y pensándolo bien, creo que es cierto. De no ser así tendría tantas cosas que decir públicamente de mis amigos que me quedaría corta la vida para llenar el facebook. 

A pesar de haber llegado a un mal psicólogo, y haberme obligado un trámite el tener que pasar por él, creo que al menos en algo tuvo razón: soy un mal amigo. Lo pensé mucho estos días y concluí que realmente en eso terminé convertido. Cuántas veces mis amigos hicieron cosas por mí. Cuánto han dado por mí. Cuánto han dejado de ser egoístas por compartir algo conmigo. Cuántas cosas, cuantos momentos! Y yo, cada día más lejos. Cada día menos permisivo y, a la vez, cada día más prohibido por mí mismo de pasar un buen momento como antes. Finalmente, cada día menos joven y cada hora más viejo. Con los días tan furtivos y fugaces que escapan de ser controlados como quisiera.

Con todo esto de por medio, el tiempo hizo lo suyo y ha abaratado nuestra amistad. Aún así, el recuerdo que guardo de aquellos amigos es nítido. Me permito traerlos a colación a cada momento, aunque ello sirve muy poco cuando estás solo. Cuando caminas o vas en el bus y miras a cada costado y sólo encuentras personas ajenas a tu vida. Rostros con miradas taciturnas que quizá también se les detiene el corazón pensando o creyendo que en algún momento pudieron ser malos amigos, como lo soy yo.

Con todos estos años acostumbrándome a ser coherente, me doy cuenta ahora que solo soy digno de ser considerado entre comillas como amigo por muchas personas que aún, creo, guardan un poco de consideración conmigo. Quizá sea por educación, algún buen recuerdo o la propia esperanza de que esto cambie. De estos amigos, muchos, aún no me han quitado la palabra, como sí lo hubiese hecho yo, pues finalmente es parte de ser un mal amigo.

Así estoy, lleno de pecados como me conocieron. Porque así es la vida fuera de utopías e hipocresías. Una existencia que siempre te llama para acudir por el lado más pecaminoso. Una vía donde caemos por error o convencidos de querer estar en él, pero donde ningún tiempo ha sido bueno para volver.

Así, lleno de pecados confesables por no ser ningún delito, me conocieron siempre. Y, sin embargo, veo tanta virtud en mis amigos, que yo agacho la cabeza por no dar valor a lo mismo. Por eso, limitado frente a su amistad, sólo puedo decirles que nunca les podré fallar. No tendré tiempo para ustedes como quisiera o como debiera tenerlo. No contaré con el dinero extra que me facilite visitarlos, pero sin embargo hay algo que nunca podré decirles, y es un NO cuando me necesiten. A pesar de no haber compartido el tiempo que quiero con ustedes, creo que cuando la necesidad o los problemas nos atrapen, cuando la miserable vida nos escoja para ver si estamos unidos y tenemos hombros en quienes apoyarnos, podré responderles y compensar todo el tiempo que no compartimos en la mitad feliz de la vida.

Dicen que el tiempo cura toda herida. Pero creo que esta puede convertirse en una excepción y terminar en la eternidad. Los días pasan y yo sólo atino a ir llenándolos de recuerdos. De imágenes nítidas de lo vivido. De una firme esperanza en que no todo puede ir tan mal. Que a pesar de que el mundo te vuelve tan ocupado en asuntos del mercado profesional y académico, siempre hay un momento en que el amor se puede convertir en un cómplice para echar todo al carajo e ir por lo que más vale en la vida: un momento bien vivido con los amigos y con la familia, aunque éstos sean pocos o muchos. Aunque muchos aún te esperen o algunos hayan dado por conveniente echarte al olvido. Estos últimos, como dice Vallejo, ¡pareciera que son mas!

Perdónenme amigos. Siempre estarán acompañando mi vida, aunque no se los diga con insistencia. Gracias a muchos de ustedes por soportar y velar, obligados o no, por mantener esta amistad. Gracias a aquellos que aunque nos vemos después de meses o años, todavía nos hacen sentir con un abrazo que el tiempo fue duro y traidor, pero no lo suficientemente pernicioso como para sepultar lo que vivimos en un corto o perdurable tiempo compartido.

Quedo de ustedes muy honrado de tenerlos aún, como amigos.
Antonio Eslava



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

Estudiante de Derecho en Universidad Nacional de Trujillo. Especializandose en derecho informático y de las nuevas tecnologías. Socio y actual presidente del Centro de Estudios Integrales: "Verbum sapiens", reconocido por Res. Rectoral 0472-2010/UNT.